Viajes y circuitos a Myanmar

Descubre los mejores circuitos y viajes a Myanmar

¿Quieres vivir una de las experiencias más increíbles de tu vida? Pues únete a alguno de los circuitos y viajes a Myanmar, un país de humildes placeres. Myanmar te ofrece de todo: tradición, gastronomía, templos ¿Se puede pedir más a un país? Te presentamos a continuación la mejor selección de circuitos a Myanmar para que lo conozcas a fondo, en el tiempo que tú determines. Sin complicaciones, solo disfrutando del paisaje y de las maravillas de este territorio.

CIRCUITOS
5 circuitos
Myanmar: Myanmar clásico

Myanmar, 9 días

Visitando: Yangón, Bagan, Mandalay, Amarapura y Lago Inle

Conoce Myanmar con este completo circuito. Pasea por el mercado local de Nyaung Oo en Bagan, cruza el puente de teka más largo del mundo en Amarapura y navega por el Lago Inle.

Myanmar: Myanmar esencial

Myanmar, 9 días

Visitando: Yangon, Monte Popa, Bagan, Mandalay, Sagaing, Ava, Amarapura, Mingun, Heho y Lago Inle

Siente la magia de Myanmar en este circuito de 5 días. Admira el reloj astronómico de Praga, pasea entre estupas en In Thein y piérdete entre templos en Bagán.

Myanmar: Myanmar exótico

Myanmar, 11 días

Visitando: Yangón, Lago Inle, Mandalay, Amarapura, Monywa y Bagan

Descubre en 11 días lo mejor de Myanmar. Navega por el Lago Inle, fotografía el monasterio Taw Ya en Maing Thauk y visita los más de 2000 templos de Bagán.

Myanmar: Paraíso escondido

Myanmar, 14 días

Visitando: Yangón, Loikaw, Phe Khone, Sagar, Lago Inle, Mandalay, Amarapura, Salay y Bagan

Vive en 14 días un viaje exótico por Myanmar. Adéntrate en el mercado de Bogyoke en Yangón, asómbrate con la tribu Padaung en Loikaw y sube hasta el Monte Popa en Salay.

Completo
Myanmar: Camboya y Myanmar

Myanmar, 12 días

Visitando: Siem Reap, Yangon, Mandalay, Bagan, Heho y Lago Inle

Explora dos países casi vírgenes: Camboya y Myanmar. Descubre el templo Angkor Wat, adéntrate en la pagoda Kuthodaw y conoce las pagadas a orillas del lago Inle.

Disfruta de la sencillez pero hechizante belleza de Myanmar

Exótico, bello, acogedor… Hay muchas palabras para definir Myanmar, pero lo mejor es ir hasta allí para averiguar cómo es. Y es que Myanmar es un país que enamora por múltiples razones. Por sus joyas arquitectónicas, algunas de ellas milenarias y entre las más bellas del mundo. Por sus increíbles y verdes paisajes. Por su rica gastronomía, poco conocida, pero que sorprende y encanta a todo aquel que la prueba. Y sobre todo por la hospitalidad de sus habitantes. Los birmanos se caracterizan por ser un pueblo especialmente acogedor. Tal vez por haber estado aislado durante décadas por el régimen militar que dirigió con mano de hierro este país hasta hace muy pocos años. O tal vez porque la religión budista tiene un gran peso en la sociedad. Sea como sea, los birmanos reciben al visitante sonrientes con los brazos abiertos y están encantados de compartir charlas y sonrisas. Además, muchos de los habitantes hablan inglés por lo que compartir experiencias con ellos es fácil. Es uno de los muchos legados que les dejó la época colonial británica, cuyo recuerdo queda en edificios de muchas de las localidades del país. Las tradiciones y costumbres están aún muy arraigadas entre las etnias birmanas, que son muchas y muy distintas entre sí. De hecho, las autoridades reconocen oficialmente 135 etnias entre sus 52 millones de habitantes. La que más verás es la Bamar, la dominante, pero también entrarás en contacto con los Intha del Lago Inle, o con los Pa-O del estado de Shan y los shan, que curiosamente no son mayoritarios en su estado. Myanmar es un país en el que vivir, sentir y disfrutar del Sudeste Asiático más auténtico.

Yangón suele ser la primera parada del visitante, ya que su aeropuerto internacional es el principal del país. Esta ciudad sorprende por muchas razones. En primer lugar porque hasta hace unos años se llamaba Rangún y era la capital del país. Y aunque la capital administrativa es desde 2005 Naipyidó, Yangón sigue siendo la ciudad más poblada del país y su motor económico, social y comercial. Además, al igual que el resto de capitales del Sudeste Asiático, transmite en un primer momento una sensación caótica que es sólo aparente, ya que ellos saben organizarse perfectamente, pero en este caso no existen los ríos de motos que suelen recorrer las calles, ya que están prohibidas en esta ciudad. Y por supuesto sorprende la gran cantidad de experiencias que la ciudad ofrece. Visitar sus templos y pagodas es algo imprescindible, sobre todo la Pagoda Shwedagon, a la que algunos consideran el templo budista más bello del mundo. Es impactante su gran cúpula dorada, visible desde buena parte de la ciudad. Pero lo más interesantes es sumergirse en la vida cotidiana de los birmanos, por ejemplo, en el mercado de Bogyoke, cuyo edificio colonial que lo alberga te retrotraerá a la época colonial británica. Todo lo demás, el contenido, es puramente birmano. Pasar sentir el espíritu birmano lo mejor es rodearte de cotidianidad en algunos de sus parques. O tal vez subir al tren que hace un recorrido de 3 horas desde el centro de la ciudad hasta las afueras, y bajar en alguna de las paradas que para disfrutar del lugar y luego tomar un taxi de vuelta al hotel. Y, por último, para terminar con la introspección por Yagón no puede faltar conocer la vida nocturna de esta ciudad y disfrutar de la buena comida y los bares que hay en Chinatown.

Al norte de esta ciudad, a unos 300 kilómetros, se encuentra Naipyidó, la capital de Myanmar. La visita a esta ciudad, cuanto menos, resulta curiosa. Es la capital del país desde 2005, pero no es la más poblada. De hecho, predominan las grandísimas avenidas, alguna de hasta 20 carriles para los coches, por las que apenas pasan vehículos. Además, como no dispone de una red de transporte público, lo más recomendable es que durante la visita se contrate un servicio de taxi, ya sea un coche o un tuc-tuc, y el mismo conductor sea el guía. La Pagoda Uppatasanti, también conocida como la Pagoda de la Paz, en cuyo interior se encuentra un diente de Buda de China, es una de las paradas que hay que realizar en la visita a la urbe. Además de conocer los interesantes museos que posee la ciudad como por ejemplo el de las Gemas (Myanmar es famosa por sus joyas, como el jade o los rubíes) o el Museo Nacional. O sencillamente se puede seleccionar una zona de la ciudad y recorrerla a pie. Lo más llamativo de esta ciudad es que sus calles prácticamente están vacías. Y es que en una urbe 8 veces del tamaño de Nueva York habitado por 1 millón de personas, la soledad está garantizada. Y es que las previsiones de las autoridades birmanas estuvieron muy por encima de la realidad. Con la idea en mente de trasladar allí la capital administrativa iniciaron la construcción de un gran número de viviendas y edificios administrativos, así como amplias avenidas, creyendo que de esa manera atraerían a un gran número de habitantes en poco tiempo. Pero no fue así. Probablemente es por ello que no hacen público el número de habitantes real de la ciudad, por lo que el millón de personas del que se suele hablar es sólo una estimación.

Y de la nueva capital a la antigua, Mandalay. Si hay algo que impacta en Mandalay, la segunda ciudad del país con unos 1,2 millones de habitantes, es su legado histórico. De hecho, es la capital cultural del país. Por ejemplo, es el lugar ideal para disfrutar de un espectáculo netamente birmano, el anyinet, una especie de vodevil en el que varios personajes interpretan música, danza y comedia. Tampoco hay que perderse el espectáculo de los Moustache Brothers, un grupo que sufrió la mano dura de la Junta Militar birmana por sus críticas al poder, de manera que ahora tiene que hacer los espectáculos en inglés. En cuanto al patrimonio arquitectónico, hay que visitar el Buda Mahamuni, una estatua bañada en oro de 4 metros de alto que, según se suele decir, fue hecha durante la vida de Buda, es decir, que ahora tendría unos 2.500 años. Aunque la versión oficial sitúa su construcción en el siglo II d.c. Tampoco hay que dejar pasar la oportunidad de conocer el libro más grande del mundo, en las que sus hojas son losas, en concreto 279, colocadas dentro de una estupa diferente, en las que están grabadas las enseñanzas del Canon Pali, la base de la rama del budismo que se practica en Myanmar, el Theravada. En esta ciudad hay que vivir una experiencia sí o sí, la de disfrutar muy de cerca el deporte nacional, el chinlone, un juego de pelota que al contrario, por ejemplo, del fútbol, no consiste en vencer al rival, sino en mostrar la máxima habilidad en el manejo de la pelota con las piernas. De hecho, entre junio y julio se puede asistir al Waso Chinlone Festival, donde compiten unos 2.000 equipos de varios países y no sólo asiáticos, también los hay de Alemania o de Estados Unidos.

Moniwa es otra de las ciudades que hay que visitar cuando se viaja al Myanmar, además esta urbe no es tan conocida como las anteriores, por lo que la masificación turística no es lo habitual. Tiene cerca de 400.000 habitantes, por lo que la ciudades es bastante grande ofreciendo muchos lugares que visitar, calles que recorrer y pocos visitantes alrededor. Toda una suerte. Además esta ciudad es ideal para probar experiencias puramente asiáticas, ya que durante la visita se puede contratar un típico tuc-tuc, para recorrer cómodamente con un conductor que haga prácticamente de guía. Una visita obligatoria es conocer la pagoda Maha Bodhi Tahtaung, donde se encuentran dos estatuas de Buda, una de las cuales es la segunda más alta del mundo. Si la primera, de Buda reclinado, resulta impactante con sus 100 metros de largo, la segunda deja sin aliento con sus 129 metros de alto. Se puede subir los 31 pisos que tiene en su interior, un número que no es casual ya que representan los 31 planos de existencia del budismo. Y si las estatuas son bonitas, no son menos sus alrededores, con muchos árboles sagrados del budismo, el ficus religiosa. También hay que conocer la Pagoda de Thanbode, que sorprende con su base cuadrada de 50 metros por lado y por la enorme cantidad de budas que tiene en su interior, unos 500.000. Sí, has leído bien, pero hay que tener en cuenta que la mayoría están encastradas en pequeños nichos en las paredes.