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Continuando hacia la montaña, nos adentramos en el Eixample,
que constituye un modelo de ordenación urbana único
en Europa. Proyectado en 1860 por Ildefons Cerdà, alberga
una de las mayores muestras de arquitectura modernista del continente.
En el famoso Passeig de Gràcia, se encuentran las obras más
representativas de este movimiento. Antoni Gaudí,
Puig i Cadafalch y Domènech i Montaner plasmaron
su creatividad en las viviendas de la burguesía catalana
de entonces. Las casas Batlló, Amatller y Milà
-más conocida como La Pedrera- son, entre otras,
edificios que reúnen una multitud de colores y formas exuberantes,
casi inauditos.
El Modernismo se palpa en toda la ciudad. Espectaculares construcciones
como el templo de la Sagrada Família, obra
inacabada de Gaudí, el Palau de la Música
Catalana, que este año celebra su centenario, o
el Park Güell configuran, entre otros, un
legado modernista que sólo aquí puede contemplarse.
La Sagrada Família, la Casa Vicens, la Casa Batlló
y la cripta de la Colònia Güell han sido declarados
Patrimonio de la Humanidad, junto a la Pedrera, el Palau Güell,
el Hospital de la Santa Creu i Sant Pau, el Park Güell y el
Palau de la Música Catalana.
Barcelona, dinámica y activa, ha experimentado una impresionante
transformación. Con motivo de los JJ.OO. de 1992 se ha abierto
al mar y se ha dotado de una infraestructura viaria con la última
tecnología. El gran acontecimiento del 92 dejó una
rica herencia arquitectónica (el Palau Sant Jordi
de Isozaki, el Estadi Olímpic-Lluís Companys,
la Anella Olímpica, en la montaña de Montjuïc)
y urbanística, que continúa su transformación
tras el gran reto del Fórum Universal de las Culturas en
el 2004.
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