En Galicia se neutralizan las fronteras entre la tierra
y el mar. Ambos se funden a lo largo de 1.300 kilómetros
de costa, 772 playas, y cinco grandes rías.
El viajero que se acerca a Galicia pronto descubre
que, en este territorio situado al noroeste de la Península
Ibérica, perviven más de dos mil años de historia.
Cada visitante puede rescatar de la memoria de este pueblo los enigmáticos
castros con sus peculiares ciudadelas; y en ellos, quizás,
descubrir a los celtas, antiguos pobladores de un mundo granítico
totalmente sugerente (los castros de Baroña –Porto
do Son–, Viladonga –Castro de Rei– o Santa Tegra
–A Guarda– son los mejor conservados). También
viaja a la Gallaecia, la Galicia romana. En pie está aún
la gran Muralla romana de Lugo, un recinto fortificado único,
de estructura circular y un perímetro de 2.200 metros conservado
desde el siglo III, lo cual la hace única en el mundo, y
declarado por la UNESCO bien patrimonio de la Humanidad en el año
2000.
Inmediatamente se percibe aquí algo distinto.
En esta fértil tierra se ven indudables conexiones con los
pueblos celtas.
Galicia es también, la tierra de los mil
ríos. Desde las sierras de Os Ancares, O Courel o Pena Trevinca
(con altitudes que superan los 1.800 metros) descienden las aguas
de muchos de ellos. El padre Miño cruza Galicia de nordeste
a suroeste para desembocar plácidamente en la frontera con
Portugal. Los cauces fluviales son tan variados como el paisaje:
desde los impresionantes Cañones del Sil (cuyo río
es el principal afluente del Miño y por el que se puede navegar
en un cómodo catamarán) y la Ribeira Sacra, tierra
de marcados desniveles, propicia para el cultivo de la vid.
La salida de Galicia al mar se lleva a cabo a través
de las rías. Altas y Baixas que se codean con el paisaje
y brindan un marco incomparable para la práctica del Turismo
Náutico, con ocho puertos bandera azul 2006 (Real Club Náutico
de A Coruña, Nauta A Coruña, Portosín, Sada,
Ribadeo, Club de Yates de Baiona, Porto Deportivo de Baiona y Sanxenxo).
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