LLENA DE HISTORIA
Si todo comenzó en el Castillo, la historia
se encuentra en toda la ciudad. Con mil años de historia,
Lisboa está repleta de monumentos de gran importancia, que
traducen algunos de los momentos más fundamentales de la
historia de Portugal. Capital del Imperio, Lisboa tuvo su máximo
exponente de riqueza en la época de los Descubrimientos,
asegurándose un patrimonio único de extraordinaria
belleza.
Muy cerca del Castillo, en Graça, se encuentra
la Iglesia y Monasterio de S. Vicente de Fora, uno de los monumentos
religiosos más imponentes y notables de la ciudad. Construido
tras la conquista de la ciudad a los moros, fue el resultado de
un voto del rey D. Afonso Henriques a S. Vicente durante el cerco
a la ciudad en 1143. Muy cerca, podemos encontrarnos, si es martes
o sábado, con una de las ferias más populares y concurridas
de la ciudad, la Feria da Ladra.
Con todo y algo más, se descubren las cosas
más inútiles y viejas, pero la mayoría de las
veces irresistibles, así como preciosas antigüedades.
Es un verdadero paseo cultural.
Descendiendo hasta Santa Apolónia y recorriendo
esa zona ribereña, encontramos un original edificio, la Casa
dos Bicos (siglo XVI). Los bicos (picos) que le dan el nombre provienen
de su fachada tallada en punta de diamante. A la peculiaridad estética
del edificio, con influencias italianas y elementos de estilo manuelino,
se une la importancia histórica de haber pertenecido a Afonso
de Albuquerque, virrey de la India, y por haberse encontrado vestigios
arqueológicos romanos.
Continuando por la zona ribereña, llegará
al que es el barrio más paradigmático en términos
de patrimonio relacionado con los descubrimientos: Belém.
Desde su playa partieron las naves del navegante Vasco de Gama rumbo
al descubrimiento de la ruta marítima hacia la India y en
todas partes se respira la grandeza del aquel imperio.
Como uno de los emblemas de la ciudad tenemos el
Monasterio de los Jerónimos, mandado construir en 1501 por
iniciativa del rey D. Manuel I y que sólo se concluiría
cien años más tarde. Erigido en la grandiosa Plaza
del Imperio, el monumento integra elementos arquitectónicos
y decorativos del gótico tardío y del renacimiento,
constituyéndose como uno de los más bellos y grandiosos
monumentos de la capital. A estos elementos arquitectónicos
se unieron motivos regios, religiosos, naturalistas y náuticos,
fundándose un edificio considerado la joya del estilo manuelino,
exclusivamente portugués. La excelencia arquitectónica
es evidente, y ha sido reconocido como Patrimonio Cultural de la
Humanidad por la UNESCO.
Hoy, en las alas del antiguo monasterio se encuentran
instalados el Museo de la Marina, fundamental para conocer un poco
de la historia náutica portuguesa, y el Museo de Arqueología.
La iglesia del monasterio, la Iglesia de Santa
María de Belém, es un magnífico templo de tres
naves sostenidas por elegantes pilares que se articulan con una
bóveda ojival, bella y única. La luminosidad, proporcionada
por los rayos de sol que pasan a través de las vidrieras,
es extraordinaria, teniendo un carácter casi irreal. Las
tumbas de Vasco de Gama y del poeta épico Luís de
Camões se encuentran ahí. El visitante se siente simplemente
superado por la belleza y grandeza asociadas a la historia, a la
fe, pero también por el conocimiento y determinación
que movió a la cultura portuguesa.
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